jueves, 1 de octubre de 2015

El fruto prohibido (DMT) - Prólogo.


 Los que me conocen saben que soy inquieto, que siempre estoy buscando algo o metido en algún nuevo proyecto. Aunque estudié Economía y hoy llevo ocho años trabajando como contable, no me ha sido difícil saber que el resentimiento de levantarme para trabajar ocho horas al día a cambio de algo de dinero no puede ser la meta de cientos de miles de años de evolución. No nací para eso, aunque puedo entender que haya quien no piense como yo, y que cambiarían ciegamente su autonomía mental por la seguridad de un techo y un plato de comida; trabajar, comer, ver la tele, comer, dormir, trabajar, comer, ver la tele, comer, dormir...



 Los más conspiranoicos te dirán que hay un plan oculto para controlar y esclavizar a la gente a través del miedo, o para debilitarles, separándoles a través del odio (divide y vencerás). Sin embargo, yo no creo que esa mano esté oculta, ni que haya un plan en la sombra. Quienes nos dominan lo hacen a cara descubierta, y el pueblo les sigue votando. Tenemos suficientes medios para ver y para cambiar las cosas, y no lo hacemos porque no nos da la gana. Porque vivimos tranquilos en nuestra vida suficiente. Pero a mí todo eso no me interesa.
 De momento, puedo ir a trabajar y hacer números como un robot, mientras tengo la cabeza en otro sitio. La flexibilidad de mis jefes me ha permitido estudiar Historia mientras metía asientos contables, de muy diferentes maneras; primero con podcasts, luego con lectores de texto que me permitían estudiar sin necesidad de leer, y finalmente matriculándome en la universidad a distancia en el Grado de Geografía e Historia. Estaba claro que mi apetito de conocer y entender era insaciable, aunque no lograba conectar con lo que realmente estaba buscando, y mis intereses han ido mutando de civilización en civilización, y de los hechos históricos a los textos de los filósofos o las religiones.

 Me apasionan las civilizaciones antiguas, y estoy seguro de que en cierto modo estaban más avanzadas que nosotros mismos. Y con avanzadas me refiero a más cercanas a nuestra verdad, nuestra naturaleza como seres humanos. En las antiguas Egipto, Grecia o Roma se buscaban respuestas a preguntas que hace cientos de años que no nos hacemos, o incluso durante siglos se ha quemado a quien las hacía.

 ¿Y por qué te cuento todo esto? Pues porque quiero pensar que las relaciones entre el mundo que estoy conociendo ahora y todo esto que te estoy contando no es sólo un fruto de la sugestión, y que realmente estoy aprendiendo cosas. ¿Y si sabemos más de lo que creemos? ¿y si el mundo no es como pensamos? ¿y si, de pronto, la ciencia empieza a contradecir a la ciencia, y resulta que la física cuántica te dice que nada es como creías?
Yo he sentido que el mundo que conocía se ha tambaleado bajo mis pies, y te diré algo: me encanta.


 La verdad, toda la verdad, y nada más que mi verdad.

 Lo que te voy a contar a partir de ahora sólo es mi punto de vista de las cosas, y los puntos de vista nunca son objetivos aunque creamos que estamos siéndolo. No quiero convencerte de que te voy a hablar del mundo real y lo demás es mentira. Te voy a hablar de mis experiencias personales desde un tiempo atrás, y cómo están afectando a mi vida. Pero no voy a poder enseñarte nada de mejor manera que si lo vieras con tus propios ojos. No espero que creas cada palabra que diga, sino que te cuestiones sobre ellas. No contaré ninguna mentira, pero mis conclusiones son sólo teorías personales que extraigo de mis experiencias, y ni siquiera yo las veo como un dogma. Sólo son cabos que difícilmente voy atando, mientras que, eso sí, disfruto muchisimo del camino.

¿Por qué 'El fruto prohibido'?

 Los primeros textos conocidos de la humanidad son las tablillas de grabados cuneiformes que nos dejaron los sumerios. Evidentemente, no soy un experto en el tema, pero a poco que os acerquéis a esta extraordinaria cultura, empezaréis a encontrar piezas que no encajan, y me refiero a toda la historia de los annunakis y el supuesto origen extraterrestre del ser humano, que sería fruto de una mezcla entre los habitantes de un planeta errante llamado Nibiru. No voy a profundizar en este tema, ya que no me creo toda la historia asociada a los annunakis, sus reyes y la esclavización de los humanos.
Pero los sumerios nos dejaron otro texto de muchísima mayor trascendencia, y fue el mito que la Biblia retomaría como de 'Adán y Eva'. Aunque posteriormente sufrió mutaciones interesadas por parte de la Iglesia, culpabilizando a la mujer o sustituyendo el fruto por una manzana, sí que hubo un proto-mito de Adán y Eva para los sumerios. Así, el hombre y la mujer, tuvieron que elegir entre los frutos de dos árboles; uno era el Árbol de la Vida, y otro era el Árbol del Conocimiento. Y todos sabemos cómo acabó aquella historia. En nuestra cultura se culpabiliza a Adán y Eva de todos los males de la humanidad por haber elegido el fruto prohibido del conocimiento. Pero personalmente, ¿qué queréis que os diga? Ni vivimos tan mal, ni tenemos tanto conocimiento. Quizás nuestra elección era ser inteligentes y corromper el mundo a nuestro antojo, o volver a vivir felices como animales en un edén eterno, libre de la maldad intrínseca a nuestra inteligencia.

 Pero, ¿y si realmente existiera un fruto del conocimiento? ¿y si realmente hubiera una forma de acceder a esa información que hay en nuestro ADN y nadie sabe lo que es? ¿y si realmente, como dice la física cuántica, el éter puede guardar información a la que no sabemos acceder a simple vista? ¿y si nuestro pensamiento es diferido y no se forma en nuestro cerebro, sino que éste sólo es un receptor? ¿y si lo egipcios, budistas o hindúes tienen razón y realmente existe un tercer ojo, quizás en nuestra glándula pineal, y sólo tenemos que aprender a activarla?

 Preguntas que son mucho más importantes que las respuestas que les demos, ya que éstas sólo serán teorías. Pero cualquier mínima esperanza de conocerlas es una enorme luz en comparación con vivir siempre a oscuras.

 Vente conmigo, y vamos a ver qué nos encontramos.
 



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