El Viernes estábamos muy cansados, y aunque ella insistió, yo le dije que para su primera vez, era mejor hacerlo por la mañana, con las energías renovadas y con la claridad del sol, que facilitaría las visiones, mucho más espectaculares de día. Le conté mi experiencia de la noche anterior, y me di cuenta de lo ridículo que suena de mi boca el intentar explicar que me he sentido un dios. Hay experiencias que quizás sea mejor quedarse para uno, pero aquí estoy yo intentando explicarlas.
Ella se quedó dormida prontísimo, y antes de ir a la cama, salí a la terraza a intentar repetir la experiencia de ayer. Pero después de ponerme un pipazo de 20, me di cuenta de que esa noche sería en vano, ya que tenía la cabeza demasiado puesta en otras cosas, y me era imposible alcanzar el estado de aislamiento de la noche anterior, así que lo dejé. Hay días que no merece la pena insistir.
A la mañana siguiente nos levantamos animados, ella con muchas ganas. Preparamos el nido de despegue, los dos sofás que tengo unidos frente a frente en la terraza. Para ella preparé un Volcano de 25 aproximadamente, y para mí una bonga de lo mismo. Pero no quería fumar hasta ver que todo iba bien con ella. Yo estaba impaciente por ver su reacción.
Y entró rápidamente, a la segunda calada de vapor. Y se tiró tanto rato dentro, que yo tenía que ir recordándole que aún le quedaba más en la bolsa. Se ha divertido muchísimo, lejos de sentir nada espiritual o místico. Detectaba los insectos y decía que los veía enormes, riéndose. Quizás tenga que ver con que siempre está protestando porque mi casa está sobre un jardín de cesped lleno de bichos. Se quedaba callada, mirando a su entorno,con cara de diversión, mientras yo la miraba impaciente hasta que estalló en risas, con lágrimas cayéndole por la cara, y empezó a decirme que dejase de ponerme morado porque no me hacía caso. Tuvo mucha gracia, y ella no podía parar, le estaba dando un ataque.
Después le dije que me mirase a los ojos a ver si veía algo, y dijo justo lo que me esperaba: que se me veía más viejo, y más canijo. Incluso con el pelo blanco dijo que llegó a verme. En general fue un rato genial, yo me fumé el mío pero no vi nada de otro mundo. Desafortunadamente, yo estaba más centrado en hablar sin parar que en centrarme a disfrutar, y es algo que luego Alba me echó en cara. Es un fallo que tengo con los demás, y a veces conmigo mismo.
Cuando las visiones se calmaron, nos quedamos tirados en el nido, y vino un efecto secundario que hasta ese momento no habíamos disfrutado antes: un deseo irrefrenable, y un palpable y brutal placer por el contacto físico con el otro, un goce al besarnos... de pronto, estábamos haciendo el amor en el salón como hacía tiempo que no lo disfrutábamos, o al menos, de una forma diferente, mágica.
El resto del día lo pasamos en una pompa, tirados como los dos gatos más vagos del mundo. Por fin contento porque ella ha empezado a ver mi nuevo mundo, y porque dsde ahora tengo una nueva acompañante. La mejor que puedo tener.
Hoy es domingo y ella ha vuelto a Granada. Bajaré a pasar el día con la familia, disfrutaré de mi sobrino, haré algo de deporte, y esta noche intentaré viajar de nuevo. Hoy vuelvo a sentir el cuerpo muy ligero, preparado, como el pasado Jueves. Mañana os cuento.
PINCHA AQUÍ PARA ACCEDER A OTROS CAPÍTULOS

No hay comentarios:
Publicar un comentario