miércoles, 21 de octubre de 2015

El fruto prohibido (DMT) - 009 Voces

 Anoche decidí hacer caso a Rule y probar con un 40 con los ojos cerrados. El día había sido duro y largo, y llegué a la noche bastante cansado. Tenía dudas sobre si fuese a funcionar, ya que estaba más en el mundo de los sueños que aquí, para qué engañarme. Además, era una de esas noches en las que parezco estar muerto de sueño, pero luego estoy agitado en la cama y no logro dormir. Esas noches en las que echo de menos el cuerpo de Alba y su morfina. Y lo cierto es que cuando estoy agitado o ansioso, el efecto del DMT parece chocar con mis pensamientos, lo que no me permite una experiencia plena.

 Así, preparé la habitación dejándola completamente a oscuras. Cargué un 40 en la bolsa del Volcano y me tumbé en la cama, ansioso por empezar. Lo consumí con avidez, impaciente por que las visiones empezasen, pero no terminaban de hacerlo. La impaciencia es un gran fallo, aunque en ese momento no era capaz de controlarla.

 Así que no veía nada, y al abrir los ojos, la plena oscuridad sólo me mostraba algo de matrix en la paredes, es decir, líneas simétricas apenas visibles. Estaba decepcionado cuando empecé a escuchar algo que no puedo describir. Ni siquiera puedo decir que lo estuviese escuchando, más bien era parecido a una conversación interna. Una cadena de sílabas aparentemente sin sentido que pasaba por mi mente a una velocidad de vértigo. Yo lo percibía como sonido, y a pesar de su velocidad, tenía las pausas propias de un idioma. Pero todo de una forma conceptual, inexplicable con palabras. Intenté imitarlo con la boca, pero fue como intentar escuchar con la lengua, definitivamente no son sonidos.

 Desgraciadamente, cuando intentaba dilucidar qué era ese nuevo descubrimiento, ocurrió algo tan mundano como posible; un mosquito, primero me pasó cerca de la oreja, y luego me picó entre los dedos de la mano, mandando al traste cualquier posibilidad de concentración. Salí bruscamente y bastante amargado. Y lo peor, el resto de la noche no fue mucho mejor, por culpa del dichoso mosquito, que parecía tenerme hipnotizado para no dejarme descansar.

 No es mi entrada más profunda, pero prometí contarte la verdad. Sigue atento, nos queda mucho por recorrer.





 

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