martes, 20 de octubre de 2015

El fruto prohibido (DMT) - 008 El cuento infantil


 Ayer fue Lunes. Ésta va a ser una semana crucial en cuanto a mi conocimiento sobre el nuevo mundo que parece presentarse ante mí. Y parece hacerlo siguiendo un guión marcado y el ritmo adecuado.

 Todo empezó genial. Al salir del trabajo, por la tarde, estaba bastante contento y enérgico, y vi buen momento para hacer un viaje sencillito, al sol, en mi terraza. Además, así evitaría los últimos ataques de frío. No sé la cantidad que me puse en el Volcano, rondando el 35, desde luego más que otras veces. No quería quedarme a medio despegar. Fue una entrada agradable, noté claramente cómo se me relajaba el cuerpo, y en nada, ya estaba dentro. Básicamente, nada era especial, la misma colina de árboles alineados, la palmera, las nubes, todo muy perfilado, haciendo movimientos armónicos. Me dio tiempo a degustarlo, ponerme de pié y pasear por la terraza.



 Entre el despegue, que es rápido, y el abandono, que es muy progresivo, hay un momento de quietud, de calma perfecta. Lo he sentido otras veces, y ayer lo sentí con más intensidad que nunca. Si bien en otras ocasiones parecía descubrir geometrías ocultas ante los ojos normales, esta vez esa visión llegó a su máxima expresión. Estas geometrías se dan cuando miro a los árboles lejanos (tengo suerte con mi terraza), pasando de ver una enorme maraña de ramas y hojas, a simetrías y geometrías que parecen forma de manera natural. En su máxima expresión, la mejor manera que tengo de explicarlo es decir que parecía estar de pié sobre un enorme cuento infantil, de esos que se despliegan cuando pasas de página. Era visualmente bonito, agradable, y me sentía completamente parte de ello. Las texturas se habían simplificado para mostrarme el mundo desde un punto de vista mucho más sencillo y lineal.

 El abandono fue progresivo, y como siempre, las visiones permanecieron más tiempo en las plantas o la materia orgánica en general, mientras que las paredes y el suelo quedan estables antes. Es curioso, pero a veces cuando ya estoy fuera, puedo pasar un rato mirando la palmera y viéndola con los ojos de dentro, como si las vibraciones de ese árbol tuviesen mayor capacidad para llegar que las de una piedra, por decir.

 Pero más curioso aún es el efecto que parece estar produciéndose en mí. Desde que empecé a entrar y desde dentro he aprendido a ver esas geometrías, tengo mucha mayor facilidad para verlas desde fuera. En realidad, siempre han estado ahí, están ahí a la vista de todos, sólo que no les prestamos atención, pensamos que no tienen importancia y nada tienen que ver con la vida. Pero tienen que ver todo. Imagino que es aquello a lo que llaman geometría divina. Ahora voy caminando por la calle, y disfrutando cada vez que la veo en los árboles, las plantas o un gato. Y me pregunto por qué antes no veía esas cosas si son tan evidentes, y por qué ahora me sorprende tanto y me llama tanto la atención.

 Por la noche hablé con Rule. Le dije que estaba muy contento con las visiones, a pesar de que no recibo la visita de seres, y de que no logro encontrar el lado místico de todo esto. Sin embargo, al decirle esto, me ha respondido con total seguridad que todo me llegará, que es cuestión de tiempo. Ahora mismo tengo dudas al respecto, y la visión que estoy tomando de todo esto es que hemos dado con un producto maravilloso que te hace ver y entender el mundo de forma diferente.

 De cualquier manera, siempre que parezco estar estancado, sucede algo completamente nuevo e inesperado, así que voy a seguir experimentando con paciencia. Antes de dormir, Rule me ha aconsejado que pruebe ya con un 40 con los ojos cerrados si veo que estoy atrancado. Se me acelera el corazón sólo de pensarlo, aún me da mucho respeto. Pero me lo estoy planteando.

Hasta pronto viajeros.
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