viernes, 23 de octubre de 2015
El fruto prohibido (DMT) - 012 Otro nivel de conciencia
En mis dos últimos viajes, os he hablado de una especie de conversación interna que mi cabeza parece generar en mis últimas experiencias a ojos cerrados en la cama, y subiendo la dosis de DMT a 40 miligramos. No tenía ni idea de a dónde estaba llevando esa nueva sensación, tan diferente de las experiencias visuales a las que estoy acostumbrado de semanas anteriores, y lo cierto es que empezaba a inquietarme haber vuelto a estancarme o estar haciendo algo más.
Así que anoche decidí cambiar algunas cosas. Para empezar, prescindí del Volcano, y decidí fumar directamente en la bonga, por si el problema venía de ahí. También pensé que quizás en mis dos últimos viajes había estado intentando forzar una situación. Quiero decir que quería forzar mi cuerpo a permanecer con los ojos cerrados, completamente a oscuras, y en ansiosa espera por empezar a tener visiones. Y con impaciencia, raramente éstas suelen manifestarse.
Mi decisión de ayer fue la de tomar las cosas de otra manera. A esta idea ayudó una sensación bastante extraña: desde por la mañana en el trabajo, y durante todo el día, tuve una sensación de ligereza en el cuerpo, de breve cosquilleo, y en ocasiones de abandono. Me refiero a una sensación parecida a la de quedarme dormido, pero sin sueño, algo parecido a como si tuviera que hacer un esfuerzo para no dejarme llevar y salirme de mi cuerpo o quedarme grogui. Por eso, durante el día, fui planeando que esa noche iba a hacer las cosas diferentes, y al contrario de las noches anteriores, no iba a forzar la máquina, sino dejarla llevar.
Para entrar más en ambiente, he juntado dos pequeños sofás que tengo en la terraza, de forma que forman un cuadrado entre ellos, un pequeño nido extremadamente acogedor. Lo he cubierto con dos mantas, y he puesto varios cojines. No puede ser más cómodo de lo que es, perfecto para dejarte llevar.
No quise hacerlo demasiado tarde para que no me afectara demasiado el cansancio del día, ni el frío de la noche. Y tampoco quería hacerlo ni con los ojos cerrados ni con los ojos abiertos, no como una norma estricta. Ahí ha estado uno de mis aciertos, ya que como luego pude ver, no consiste en forzar la situación, sino en dejarte llevar, y abrir y cerrar los ojos según lo ordene el viaje una vez estás dentro. Pero no quiero adelantarme... como veis, esta experiencia poco iba a tener que ver con todas las anteriores.
La intención era repetir con un 40, pero como la bonga (ó pipa) me da más respeto quel el Volcano, lo distribuí en dos pipazos de 20. En principio estaba bastante nervioso, como me suele pasar. Aunque a los pocos minutos de estar dentro, la sensación es siempre de máxima relajación (tanto que a veces te flojean las rodillas), lo cierto es que antes no puedo evitar sentirme nervioso siempre. No sé qué hacer para remediarlo.
La entrada fue vertiginosa, debido a que hacía tiempo que no fumaba con la pipa. Visualmente, como siempre, las figuras parecen suavizar sus formas, etcétera. También empecé a escuchar los datos de los días anteriores. Sigo sin poder describirlo mejor que una mera cadena de sílabas o sonidos impronunciables que parecen obedecer a un sentido, y que aunque yo ponga voluntad, no logro alejar de mi cabeza. Lo he llegado a interpretar como una interferencia por culpa de fumar marihuana algunos días.
Sin embargo, había decidido relajarme y no darle vueltas a esa voz psicodélica, apoyé el cuello, la cabeza, y me dejé llevar. Los ojos se me entrecerraban, dando lugar a una situación muy curiosa: cuando se cerraban, una luz naranja que se tornaba en blanco empezaba a iluminarlo todo. Yo abría los ojos, y la luz desaparecía. Intentaba no mover ni un músculo del cuerpo, y cuando lo hacía, parecía romper un cierto estado de sueño, de parálisis. Estaba siendo el mejor viaje de los últimos días.
Había preparado una mesita con la siguiente carga para no tener que entrar en la casa. Cuando me noté saliendo, me dispuse a fumar el segundo 20. Ahora mi cuerpo estaba mucho más relajado, y yo era totalmente consciente de estar consiguiéndolo, avanzando en cierto modo. Había encontrado la clave, que no era otra que buscar la máxima comodidad y no pensar en nada, sólo en observar. Incluso en aquellos momentos en los que sentía que iba a quedarme dormido, luego pude comprobar que no era tal cosa, sino que al dejarme dormir lograba entrar en otro estado, una especie de trance. Era la primer vez en mi vida que me sucedía.
Por tanto, esta segunda mitad del viaje se había convertido en una experiencia inolvidable. La sensación era absoluta de estar fuera del cuerpo, en otro lugar, aunque no tenía una visión de un sitio, no estaba en un lugar físico. La cadena de datos de los días anteriores había dejado de ser una molestia y se había convertido en algo que lo acabaraba todo. Y no es una cadena de datos, sino una conversación contínua. No todo lo entiendo, la mayoría de las palabras parecen formadas aleatoriamente, pero a veces siento cómo me sale una carcajada, como respondiendo a algo que ha dicho.
Abrí los ojos y todo mi entorno parecía estar rodeado por una malla de datos. La palmera no paraba de cambiar, igual que lo hizo la cara de Alba el fin de semana pasado. Parecía mostrarme miles de probabilidades distintas de palmera. Y la colina, con los contornos y sombras de árboles y edificios era como un dibujo animado a dos colores que no paraba de formar figuras distintas. Era como estar dentro de un videojuego o unos dibujos animados.
Entonces, no sé por qué, exclamé en voz alta ¡soy dios!, y todo mi entorno pareció detenerse y asentir. Quizás fue la mayor alucinación de mi vida, simplemente, pero en ese momento sentí haber pasado a otro nivel de conciencia, a una absoluta certeza de que yo era el Creador, igual que todos los demás. De pronto entendí que todas las religiones se equivocan cuando intentan enseñarnos que Dios existe pero como una tercera persona ajena a nosotros, ante la que tenemos que rendir cuentas.
Al ser una experiencia semi-onírica o en estado de trance, no soy capaz de explicarla mejor con mis palabras, y no creo que nadie pudiera hacerlo mejor. Cuando volví a la normalidad, quise contárselo a todo el mundo, pero eran las 2:30 (llevaba dentro más de una hora). A medida que ha pasado el tiempo y he vuelto a sentirme una persona de carne y hueso, he dejado de sentir ese estado de consciencia, de recordar cómo era. Pero lo tuve tan cerca, tan palpable, que he vuelto a ilusionarme muchísimo con todo esto, y estoy deseando que llegue hoy mi novia para pasar un fin de semana de autoconocimiento juntos.
Seguimos viajando.
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