martes, 3 de noviembre de 2015

El fruto prohibido (DMT) - 015 Zumo V


 Mi novia y yo estamos viendo ahora la serie True Blood, imagino que la conoces. En un hipotético mundo en el que humanos y vampiros conviven con civismo, subyace un mercado negro de sangre de vampiro, un potente alucinógeno fuertemente adictivo que es central en la trama de la serie. Conforme la sangre de vampiro (o "zumo v") va apareciendo en la serie, vas encontrando similitudes con el DMT, como la aparición de mundos virtuales, la sensación de que el todo lo orgánico se anima, sentir el respirar de las plantas, la mayor sensibilidad en el olfato, el sabor, el tacto... toda esa explosión de vitalidad natural... con la diferencia de que yo personalmente no siento ningún efecto adictivo en el DMT, sino más bien al contrario; cuanto más consumo, menos me lo pide el cuerpo, soy más bien yo quien me esfuerzo para sentarme a experimentar, sobre todo últimamente, que los trances son más profundos, y aunque muy placenteros y esclarecedores, prefiero tomarlos con muchísima calma.



 El caso es que viendo la serie el otro día, llegamos a la conclusión de la que os estoy hablando, y entre nosotros hemos decidido llamar Zumo V al DMT... tonterías de novios. Pero ahora viene la magia.

 Este finde lo hemos pasado en Granada, en su casa. Ella me pidió que me llevase algo de Zumo V, lo cual agradecí, me apetecía bastante. Teníamos el handicap de que no podíamos llevarnos el Volcano a la calle porque es eléctrico, así que me llevé otro vaporizador que tengo, portátil: un Iolite. Trabaja con gas de mechero, y tiene un proceso de vaporización más lento que el Volcano, reduciendo en cierto modo la potencia del viaje también. Pero era la mejor opción que tenía, Alba prefiere el vapor al humo.

 Nos fuimos al pantano que hay cerca de su pueblo, Atarfe. Es un sitio boscoso, lleno de ardillas y patos. Allí hay un restaurante abandonado hace unos años, con un pequeño muelle, bastante imbaucador. Buscamos un sitio para sentarnos, apoyados en un árbol, y puse una carga de 40mg en el Iolite, y empezamos a pasárnoslo, una calada cada uno.

 Un efecto inmediato con el vaporizador Iolite es que se te duermen la lengua y los labios, no de manera desagradable sino como si fuese una anestesia. Aunque no llegamos a tener visiones, nuestros sentidos explotaron por completo, disfrutando al máximo del sonido del viento en las hojas de los árboles, los troncos crujiendo, las ondas en el agua, y una agitada actividad de docenas de insectos que nos habían pasado desapercibidos minutos antes. Simplemente, nos sentamos y disfrutamos de esa magia durante veinte o treinta minutos. De vez en cuando pasaba alguna familia pero para nosotros eran elementos más en nuestro paisaje, los veíamos tan naturales... imagino que ellos pensarían de nosotros que éramos unos flipados, allí sentados en posición de meditación y mirándolo todo como si acabásemos de nacer. Pobres ciegos.

 Cuando llevábamos unos quince minutos dentro, apareció detrás de nosotros un perro bastante grande, en concreto un labrador de pelo rubio. Al ver que venía hacia nosotros, mi primer impulso fue decirle a Alba - Si viene agresivo, nos tiramos al agua. -, a lo que ella se negó. Sin embargo, el perro pasó dando saltitos por nuestro lado, como saludándonos, y a un metro y medio de donde estábamos se tiró al agua a darse un baño jugando como si fuera un cachorro. Nosotros, que ya de por sí estábamos alucinando con la naturaleza, vimos este espectáculo como si fuera un regalo, y con esa misma palabra lo definió Alba. Un regalo. Después, el perro se sacudió el agua, y se alejó por la orilla con sus característicos saltitos.

 Después de eso, nos volvimos a la casa a pasar un día increíblemente relajado. La verdad es que al salir de casa por la mañana, estábamos de mal humor, enfadados con el mundo por diferentes motivos. Cuando volvimos, todo eso se había disipado, teníamos ganas de poner de nuestra parte y arreglar nuestros problemas con el mundo en lugar de discutir con él.

 Pero vuelvo al concepto que más me importa de todo esto, el de regalo; casi todos los que estáis iniciados en el DMT, estáis familiarizados con él. Todos, alguna vez, salimos de un viaje y damos las gracias aunque no sepamos a quien. No es la primera vez que con el DMT me siento parte de la naturaleza, y en pleno estado de mimetización con ella, sucede algo que yo entiendo como una señal o como un regalo.

 El resto del finde no he hecho viajes, excepto ayer domingo, para probar una pipa vaporizadora que me compré hace unos días. Fue muy leve porque no quería entrar del todo, sólo ver si funcionaba, pero lo que parece claro últimamente es que a medida que experimentas y te entrenas,  las salidas se vuelven más difusas, como si aquel mundo y éste se fusionasen con mayor facilidad, y fuera más difícil discernirlos, sobre todo cuando el cuerpo está cansado al final del día.

 Esta semana volveré a los viajes nocturnos de meditación. Pronto te cuento más.



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